por Falcon Martin
Hay canciones que llegan a nuestra vida antes de que podamos comprender sus palabras. Las escuchamos en otro idioma, reconocemos apenas algunas frases y, aun así, algo en ellas nos invita a quedarnos.
Eso me ocurrió con The Sound of Silence, conocida en español como Los Sonidos del Silencio.
Las primeras veces que la escuché no entendía bien su letra. Podía reconocer algunas palabras, repetir ciertos fragmentos y seguir la melodía. Pero había algo que sí percibía con claridad: la emoción que despertaba en mí.
Me gustaba escucharla una y otra vez. Su música tenía una intimidad que me hacía sentir bien y dejaba espacio para imaginar. Antes de conocer su significado, ya había encontrado un lugar entre las canciones que quería volver a escuchar.
Escuchar antes de entender
A veces me pregunto cuánto necesitamos comprender de una canción para sentirla.
Conocer el idioma permite descubrir sus imágenes, sus preguntas y la historia que intenta contar. Sin embargo, la voz y la melodía también nos dicen algo. Una pausa puede conmovernos. Una forma de cantar puede acercarnos a una emoción para la que todavía no tenemos palabras.
En mi caso, esta canción despertaba una sensibilidad que yo asociaba con lo romántico. Había en ella una suavidad, una cercanía, una manera de acompañar mis pensamientos.
Esa fue mi primera experiencia con la canción: escucharla y sentir deseos de que volviera a comenzar.
Las palabras llegaron después
Con el tiempo tuve la oportunidad de acercarme a traducciones y versiones en español. Entonces descubrí una dimensión que al principio no había podido reconocer.
En mi lectura de la letra aparecen la soledad, la dificultad de comunicarnos y la distancia que puede existir entre las personas incluso cuando están rodeadas de otras. La canción me hace pensar en cuántas veces hablamos sin conseguir expresar lo que de verdad importa, o escuchamos sin prestar suficiente atención.
Comprender esas imágenes añadió profundidad a mi experiencia.
La emoción de las primeras escuchas seguía allí, pero ahora podía acompañarla con otras preguntas. ¿Cuánto dejamos sin decir? ¿Cuántas cosas pasan inadvertidas porque hemos dejado de escuchar? ¿Qué puede guardar un silencio?
Me parece hermoso que una misma canción permita ese recorrido: primero nos alcanza su música; después, sus palabras abren nuevas puertas.
Una canción a la que regreso
Todavía hoy vuelvo a escucharla y me hace sentir bien.
Hay canciones que conservan esa capacidad a pesar del paso del tiempo. Basta que comiencen para que uno les preste atención, aunque las haya escuchado muchas veces. Su familiaridad produce una cercanía especial.
Los Sonidos del Silencio pertenece para mí a ese grupo.
La escucho desde un presente distinto al de aquellas primeras ocasiones. Yo he cambiado; mis experiencias y mis preguntas también. Tal vez por eso encuentro nuevos matices en algo que conozco desde hace tanto.
Me gusta pensar que escuchar de nuevo es también descubrir qué ha cambiado en nosotros.
La música en el mundo de Falcon
Quise comenzar este espacio de música con una canción que tiene un significado personal para mí.
Los libros, las películas y las canciones acompañan la imaginación de quien escribe. A veces dejan una imagen; otras, una emoción o una pregunta que permanece durante años y encuentra más adelante su lugar en una historia.
Quienes recorran el Universo de Falcon quizá descubran, con el tiempo, alguna resonancia de esta canción. Prefiero dejarles ese encuentro.
Por ahora, me basta con compartir algo sencillo: hubo una melodía que me conmovió cuando todavía entendía muy poco de sus palabras. Después conocí mejor su letra y mi relación con ella siguió creciendo.
Y todavía hoy, cuando vuelve a sonar, quiero escucharla.
¿Te ha pasado que una canción te emocione incluso antes de comprender lo que dice?